Con el regreso a clases, comienzan nuevamente las tareas, los horarios, las actividades y nuevos retos para los pequeños. Y aunque preparar mochilas y útiles es parte de la rutina, también es un buen momento para pensar en actividades que complementen su desarrollo fuera del salón de clases.
Una de ellas es la natación, un deporte que, además de enseñarles a desenvolverse en el agua, involucra movimiento, coordinación, concentración y convivencia.
Mucho más que aprender a nadar
La natación requiere que los niños coordinen diferentes partes de su cuerpo mientras siguen instrucciones, controlan su respiración y realizan movimientos específicos.
Esta combinación de actividad física y concentración puede favorecer diferentes áreas de su desarrollo, como la coordinación visomotora, el fortalecimiento muscular y la confianza para enfrentarse a nuevos retos.
Además, aprender nuevas habilidades dentro del agua puede ayudar a que los pequeños desarrollen mayor seguridad e independencia.

¿Qué tiene que ver la natación con el aprendizaje?
El desarrollo de un niño ocurre de manera integral: lo físico, lo cognitivo, lo social y lo emocional están relacionados.
Un estudio realizado durante tres años por investigadores del Instituto Griffith de Investigación Educativa siguió a alrededor de 7,000 niños menores de cinco años en Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Los resultados encontraron que los niños que practicaban natación desde edades tempranas mostraban avances importantes en diferentes áreas del desarrollo, incluyendo habilidades físicas, cognitivas, sociales y lingüísticas.

Entre las habilidades en las que se observaron avances se encuentran:
- Seguir instrucciones.
- Desarrollar habilidades matemáticas.
- Mejorar la comunicación y utilizar un vocabulario más complejo.
- Cooperar con otros niños.
- Desarrollar mayor independencia.
- Correr y desenvolverse con mayor facilidad.
- Mostrar interés y disposición por aprender cosas nuevas.
Esto no significa que nadar por sí solo garantice un mejor rendimiento escolar, pero sí muestra cómo una actividad física puede formar parte de un entorno que favorezca el desarrollo integral de los pequeños.
Regreso a clases con nuevos aprendizajes
El regreso a clases no tiene por qué limitarse a lo que sucede dentro del aula. Las actividades extracurriculares también pueden convertirse en espacios donde los niños desarrollen habilidades que les serán útiles en diferentes aspectos de su vida.
La natación combina ejercicio, disciplina, concentración y convivencia, mientras los pequeños aprenden progresivamente a desenvolverse en un entorno nuevo.
Y hay otro aprendizaje que no podemos dejar de lado: aprender a nadar es también una habilidad de seguridad y prevención que puede ser fundamental durante la infancia.
Por eso, este regreso a clases puede ser una buena oportunidad para incorporar la natación a la rutina de tu pequeño.

Aprender hoy para seguir creciendo mañana
Cada nueva brazada, cada ejercicio y cada logro dentro de la alberca representa una oportunidad para que los niños descubran que pueden aprender cosas nuevas con práctica y constancia.
Este regreso a clases complementa sus experiencias escolares con una actividad que contribuya a su desarrollo físico, cognitivo y social.
Porque aprender también sucede fuera del salón de clases. Y en Olimpus, cada clase puede convertirse en una nueva oportunidad para crecer, aprender y disfrutar.
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¡Nos vemos en el agua!
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